Teoría crítica al borde del abismo

Teoría crítica al borde del abismo [lanacion.cl]Entre 1932 y 1941 apareció, bajo el austero título de Zeitschrift für Sozialforschung (ZfS: revista de estudio social), una extraña publicación, redactada principalmente en alemán aunque sus últimos cuatro números lo serían en inglés. Su vocación, de creérsele a su iniciador, el filósofo Max Horkheimer, era “brindar una teoría del transcurso de la época presente”. Atrapada justamente por ese tiempo de hierro y la toma del poder por Hitler, se convirtió rápidamente en una revista nómada, cuya redacción erró entre París y Ginebra antes de encontrar refugio en la Universidad de Columbia (Nueva York), donde la que más tarde se conoció como la Escuela de Francfort buscaría borrar sus orígenes marxistas…

De libros electrónicos y la textualidad

Saltando de blog en blog a partir del siempre recomendable weeklog de Überbin, me encontré con un post de Antonio Ortiz sobre sus primeras impresiones sobre el Kindle — lo que me llamó especialmente la atención ya que estoy esperando la llegada de un nook.

Más allá de describir la experiencia de lectura, el post está teñido de una nostalgia sobrecogedora no solo por la añoranza del libro físico (el olor del papel, la calidad al tacto, la dimensión) sino también en cuanto al lugar que los libros demarcan en la memoria:

No hay consideraciones sobre la tecnología esta vez. Sólo dos apuntes más: es probable que soportemos mejor las restricciones, el control, en la literatura que en la música porque tienen un espacio muy diferente: sigo escuchando discos de hace 15 años, pero me sería muy costoso volver a los libros de aquella época. Deberíamos empezar a despedirnos no sólo del papel, de su olor y su espacio, también de la cultura de la posesión, algo cada vez más evidente en todos los “productos culturales”. El sentimiento de pertenencia de un fichero MP3, de un libro en PDF, de una película en MKV ya distaba mucho del que suscitaban sus soportes físicos; en los próximos años con los Spotifys, Youtubes y Kindles el proceso se acelerará, dejamos la cultura de la posesión para abrazar la cultura del acceso. Cuando le compro los primeros cuentos a mi hijo, cada vez tengo más la certeza de que cuando sea mayor y eche un vistazo al entrar en su habitación, no encontrará los libros que nos recuerdan quienes somos y qué lugar ocupamos en el mundo — Los detectives salvajes en el Kindle | Error 500

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¿Es objetiva la historia?

Opinión sobre el segundo tema de debate de DialBit: ¿Es objetiva la historia?

Interesante pregunta, aunque tal como ha sido planteada, la encuentro bastante “resbaladiza”: se puede tomar desde mil perspectivas diferentes, cada quien dependiendo de sus propias motivaciones (¡guau! con tanta ambigüedad, ya estoy pareciendo psicólogo) :P. En fin…

Partamos fijando nuestra atención a las preguntas que guían la discusión (tomadas de la página del debate, numerada tal como aparece allí):

  1. ¿Quién hace la historia?
  2. ¿Con qué motivaciones?
  3. ¿Logra el historiador mantenerse al margen de sus intereses, de sus ideas políticas o de sus gustos particulares?
  4. Se me ocurre otra pregunta aún más difícil: si la hitoria (sic) del mañana es, en cierto modo, el periodismo del presente, ¿que dirá la historia de la guerra de Irak?
  5. ¿Cabe un relato objetivo de la misma?

Vamos por partes… primero, tratando de responder breve y mediocremente (hey, que a esta hora ya “hace sueño”) a cada una de las preguntas, comentando de paso algunos de los comentarios y finalmente tratando de agregar algo interesante a la discusión, a ver si se puede aportar.

Desde el principio… ¿Quién hace la historia? Bueno, quien HACE la historia son somos todos nosotros, claro, sus protagonistas. Ahora, quien ESCRIBE la historia es una cuestión muy distinta… Tradicionalmente, la mayoría de nosotros ha sido educado en ambientes formales de enseñanza, léase colegios, liceos, institutos, etc. en los que por lo general la historia es la de los libros del colegio, sobre los cuales de alguna u otra forma nuestros respectivos gobiernos tienen alguna injerencia a través del currículo. Ésta es la historia que muchos damos casi por sentado que es LA historia; quizás ni siquiera nos cuestionamos si es que existen más versiones de los hechos. Es la que generalmente solemos llamar “historia oficial”, aquella que tan sueltos de cuerpo decimos que la escriben los vencedores. ¿Los vencedores? ¿Seguros? Yo, por lo menos, no tanto. Quizás si eres español(a), te “pondrías la camiseta” de parte del Imperio Español en la conquista de las Américas, pero desde la otra cara del espejo, la cosa es algo distinta. Por otra parte, miremos casos como la guerra en Vietnam: ¿acaso fue Vietnam del Norte quien escribió ahí la historia? No lo creo.

El punto anterior se relaciona directamente con las dos siguientes: ¿Con qué motivaciones [se escribe la historia]? y ¿Logra el historiador mantenerse al margen de sus intereses, de sus ideas políticas o de sus gustos particulares?. En resumen, debemos considerar esta pregunta dentro del contexto de la gran pregunta, o más bien dicho, la gran bofetada que el postmodernismo azota en el rostro de la ciencia (y no solamente las ciencias sociales, sino incluso sobre las naturales): ¿es objetiva la ciencia?… y la respuesta (la bofetada) es un gran y potente NO, un “no” así, con mayúsculas, letras grandes y negritas, un “no” que en definitiva viene a zamarrear a la ciencia y decirle fuerte y claro que no es nuestro conocimiento más perfecto del mundo, que lo que dice no tiene porqué ser la verdad absoluta, y que mucho menos es un conocimiento acabado. Aunque claro, eso es lo que dice el postmodernismo; tampoco hay que creer que entonces toda ciencia no es más que una madeja de mentiras bien hiladas -al contrario, se trata de una buena forma de conocer (y lo que es más importante, poder interactuar con nuestra realidad), pero no es “la Verdad”.

Sobre las motivaciones que pueda tener quien escribe la historia, se me ocurren tantas que meramente nombrarlas se me hace interminable, por otro lado, si enumero algunas, siempre existirá alguien recordándome o sugiriendo alguna que falte; con respecto a la pregunta, creo que la respuesta es tan clara que apenas si se debería comentar: no, ni los historiadores ni los periodistas ni nadie logra mantenerse al margen de sus propios intereses, emociones, ideas, valores, etc. frente a lo que pasa. Es natural, pues somos humanos, y ésta es una de nuestras más grandes virtudes.

En palabras demasiado sencillas, el cierre para mi opinión en este debate sería el siguiente: “la objetividad está muy sobrevalorada”. Así de simple. Y si mantenemos la ilusión de andar buscando esa Verdad con mayúscula, absoluta, neutra y totalmente perfecta, pues buena suerte si aún crees que puedes encontrarla en la ciencia, en los medios, los gobiernos o las iglesias.

Nota: claramente este debate merece una reflexión algo más pausada y seria que este post. Si encuentro el tiempo (o alguna buena idea al respecto), de seguro la podrán encontrar en el blog. Hasta entonces (o antes).

La historia no es uniforme ni en colegios, ni en universidades. Pero sí comparte una mirada crí�tica (…) Fernando Cajías, historiador