Libertad de expresión y derecho a parodia en los tiempos de Twitter

La historia es la siguiente: Rodrigo Ferrari (@_safari) creó una cuenta de Twitter con el nombre losluksic en marzo del 2010, con el evidente objetivo de parodiar a una de las familias más poderosas de Chile.

LOS LUKSIC dibujado por Asterisko para El Malhumor

El lunes la fiscalía logró su formalización en el delito de suplantación de identidad, en un proceso que implicó la dedicación de la policía de investigaciones en “vigilancia discreta” de Ferrari y la obtención de datos desde el ISP (VTR) sin orden judicial.

Este caso representa el triste estado de la legislación sobre libertad de expresión en internet en Chile como la abismante desigualdad en el acceso a la justicia, en tanto el alcance de la indagación es manifiestamente desmedida en proporción al hecho, ya que en el transcurso de dos años de investigación con recursos fiscales ha recurrido a métodos utilizados en delitos graves como narcotráfico (con la consecuente transgresión a la vida privada de Ferrari) en circunstancias que ni siquiera existe perjuicio económico sino solamente un rasguño en el ego de Luksic.

Más información en:

Universidades privadas: usos y abusos

El movimiento estudiantil, surgido en las universidades pertenecientes al Consejo de Rectores, y al cual se han sumado académicos y autoridades, ha puesto en evidencia algo que estaba a la vista, y que sin embargo los chilenos nos negábamos a ver. El escándalo de la educación en Chile: colegios municipalizados que reciben un financiamiento miserable; particulares subvencionados que maximizan sus utilidades estrujando a los profesores con cuarenta y más horas de trabajo en aula. Y universidades, perfectamente acreditadas (¿CÓMO?) en las cuales, mediante la figura de las inmobiliarias, accionistas pueden retirar capital y utilidades; ser compradas y vendidas. En las cuales los alumnos al ingresar deben firmar una renuncia a su legítimo derecho a asociación; o que prácticamente carecen de profesores contratados, y recurren a un proletariado del conocimiento (profesores-taxi) al cual sólo pagan honorarios (nada para previsión social; nada para salud); al que, en algunos casos, contabilizan sólo las horas efectivamente dictadas, sin admitir excepción: si un día te tocaba clase, y hubo terremoto, fiesta nacional, paro del transporte, lo que sea, no se te paga, y punto. Y todo esto, frente a la mirada benévola de las autoridades.

Eduardo Sabrovsky en El mostrador