Muse: Black Holes and Revelations

En su cuarto disco de estudio, estos británicos no solo mantienen su nivel sino además lo mejoran, logrando un disco totalmente recomendable

Muse: Black Holes and Revelations Muse es uno de esos grupos muy conocidos en otros lares, pero que en Chile apenas se escuchan —vaya uno a saber si eso es bueno o malo. En lo personal, los conocí a través de su disco Origin of Symmetry en el año 2001-2002, en el que desarrollaban un sonido que se inscribía descaradamente en la línea del monumental OK Computer de Radiohead, lo que lejos de resultar odioso sólo puede significar que si disfrutaste ese disco, Origin of Symmetry resulta una apuesta segura —entre, otras, recomiendo su versión de Feeling Good.

Tras Absolution (publicado el 2003, y del destaco especialmente Time Is Running Out), el 2006 publican Black Holes and Revelations, un disco que sigue la línea de los anteriores pero que agrega algo distinto al sonido de Muse, en el que como siempre resaltan líneas de bajo potentes e hipnóticas y estructuras sencillas adornadas por un flirteo con algo como una irónica teatralidad.

Black Holes… tiene algo distinto, un sabor distinto, y es que recién ahora descubro en Muse un sentimiento de ganas de hacer música más allá de esa “cabalgata angustiosa” (permitiéndome este engendro de expresión) que dominaba sus discos anteriores. Lo increíble (y se podría decir “positivo”) es que este cambio en el matiz emocional del disco no los transforma en algo poco auténtico, sino agrega caspas de texturas que permiten distinguir y recordar más sus canciones.

Muse ha logrado crear un disco con el que sus seguidores no se decepcionarán y que al mismo tiempo podría interesar a muchos más; éste se ha transformado en una recomendación infalible.

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John Mayer: Continuum

En Continuum, John Mayer logra un sonido único, distinto y maduro, en el que la mezcla entre el pop y la influencia del blues es ejecutada con maestría y estilo

Continuum Hace algún tiempo, escuché por ahí una canción muy simple, sólo voz y guitarra acústica, que en ese entonces atribuí a Dave Matthews, no solamente por el estilo sino también por el parecido de esa voz que cantaba your body is a wonderland… pero no, resultó que no era Dave Matthews —y en realidad esa confusión no era tan rara— sino otro tipo llamado John Mayer.

Entonces no le di mucha atención, ya que para lo que estaba haciendo era mejor seguir escuchando a Matthews; sin embargo, al año siguiente Mayer lanzó su segundo disco, Heavier Things, y aunque el sonido del disco distaba bastante de lo que prometía su título —ya que de “pesado” no tenía nada— ya comenzaba a mostrar una dirección propia mucho más interesante, una identidad más definida y característica.

A fines del año pasado, Mayer se unió a Steve Jordan en la batería y Pino Palladino en el bajo para formar John Mayer Trio, estableciendo un cambio notable en su orientación musical hacia un sonido mucho más cercano al blues. Con esta formación se editó Try!, un disco en vivo que reflejaba este cambio de dirección.

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The Killers: Sam’s Town (2006)

Un buen disco, que sin sus delirios de grandeza podría haber sido bastante mejor

Sam's Town Hace poco más de un año [escribía sobre el primer disco de The Killers->The Killers: Hot Fuss (2004)], y ya entonces tenía mis sospechas sobre el futuro de esta banda. Y no me malentiendan, no es que las cosas no estén marchando para The Killers: los dos primeros singles del disco (When You Were Young y Bones) han logrado buenas posiciones en las carteleras, incluso mejores que sus anteriores sencillos. Pero hay algo que no anda bien, y es que la credibilidad de estos chicos no anda muy bien: basta con leer la totalmente demoledora crítica que allmusic dedica a este nuevo trabajo.

Claro, por una parte están los críticos, y por la otra los fans, y rara vez ambos gustos coinciden; pero en este caso creo que Stephen Thomas Erlewine (el autor de la crítica) tiene algunos argumentos bastante interesantes y que no se limitan a la apreciación de un crítico sino a la impresión este disco puede dejar a cualquiera.

En resumen, hay que decir lo siguiente: se están tomando demasiado en serio, y al hacerlo, no se ven serios para nada. Thomas llega a decir que solamente prueban cuán monumentalmente tontos y superficiales son, a lo que agrega: lo que, sin embargo, no es necesariamente lo mismo que malos.

Y con esas frases se puede sintetizar gran parte de lo que es este disco, el que para Brandon Flowers iba a ser el mejor disco en los últimos veinte años (vía Wikipedia en inglés).

Un trabajo adecuado, que tiene sus momentos pero que dista de alcanzar la genialidad de cualquier personaje o grupo influyente del rock. Al igual que el anterior, es un producto que se podría catalogar de desechable sin mucho cargo de conciencia, pero que es tan logrado como para no ser un placer culpable.

Sam’s Town, sin la pseudo-teatralidad y los anhelos de grandeza que lo inundan, quizás hubiese podido entrar en las listas de los “mejores discos de los veinte años”… como en el número ciento y tanto, eso sí. Con esos elementos… no lo creo.

We Are Scientists – With Love and Squalor

Garage-indie-rock con toques punkoides, cierta dosis de sarcasmo en sus letras y en general un sonido clásico pero fresco

With Love and Squalor We Are Scientists es una banda más de la camada indie-garage-rock que en el último tiempo se ha popularizado. Formados el 2000, tras la edición de tres EPs han publicado su primer larga duración, With Love and Squalor a principios de este año —éste es el trabajo que me ocupa en este comentario.

El disco se compone de 12 canciones en las que la banda despliega un estilo muy característico: si bien es lo que podríamos llamar “típico indie-garage-rock”, los condimentos de tipo punkoide que se dejan colar entremedio aportan bastante a crear una identidad musical que los hace destacar; por otra parte, destacaría especialmente el trabajo de su baterista Michael Tapper, quien (al menos a mí modo de ver) es un importante factor en la definición de su sonido. Completan el cuadro Keith Murray con una guitarra que probablemente sea lo más “garage” del grupo y Chris Cain tras unas líneas de bajo punzantes y enérgicas.

We Are Scientists logra algo envidiable: a pesar de no ofrecer nada nuevo ni revolucionario consiguen un sonido fresco que ellos mismos definen como música rock de la variedad pensativa, a veces épica, a menudo fuerte, vagamente bailable e implícitamente humanista. Sus ingeniosas (digamos, “smart ass”) letras también ayudan a esta tarea, como Twenty years of bad decisions / haven’t taught me much at all de Textbook, I got a great idea / I’m gonna wait right here de The Great Escape o I’m breaking my own rules / becoming someone else de Can’t Loose.

Con semejanzas a un montón de grupos que ya han hecho lo mismo, pero antes que ellos, este disco es una apuesta segura para quienes han disfrutado de Block Party, Yeah Yeah Yeahs, The Killers o The Sounds, por nombrar algunas referencias.

A Camp

El disco del proyecto solista de Nina Persson, vocalista de The Cardigans. Lanzado el 2001, éste es un trabajo muy bien logrado, recomendable para todo aquel que disfrute de escuchar una bella voz.

A Camp A Camp es el disco homónimo del proyecto solista de Nina Persson, vocalista de The Cardigans. El disco fue lanzado el año 2001 y cuenta con la colaboración de Mark Linkous, líder de Sparklehorse en las labores de producción. Estos dos nombres me bastaron para interesarme en este disco, y tal como esperaba no fui defraudado en lo más mínimo: Persson posee una de las que probablemente sean las voces más hermosas del planeta y Linkous es un creativo incomparable; sus talentos se conjugan a la perfección en este trabajo.

A través de las catorce canciones que componen esta obra, la voz de Persson es absoluta protagonista, tal como es posible apreciar desde el primer corte, Frequent Flyer, una canción muy simple y bella, adornada levemente por sonidos de teclados al fondo y una batería que la conduce rítmicamente; tono que es similar a otras canciones en el disco. En general, existen arreglos muy sutiles pero bastante emotivos, capaces de producir las texturas adecuadas a las siempre acertadas modulaciones vocales de Persson.

Predomina un sonido con una cierta influencia country-pop, especialmente apreciable en I Can Buy You, corte que en su momento hizo las veces de single promocional; algo similar al sonido más típico de The Cardigans.

La influencia de Linkous se deja sentir, aunque no es fácil identificar tan puntualmente la mano de un personaje tan versátil —The Same Old Song es una de las canciones en las que podría apostar por su contribución: una mezcla muy bien lograda de letras cuasi-optimistas sobre un fondo musical más denso y con múltiples capas.

En resumen, un disco con una capacidad emotiva muy grande, lo suficientemente experimental como para ser interesante, pero a la vez lo bastante básico como para ser fácilmente digerible y memorable. Totalmente recomendable.

Iron Maiden – Iron Maiden

El disco debut de Iron Maiden marca el comienzo del desarrollo de un grupo destinado a convertirse en un clásico, pero que más allá de esto tiene un brillo propio.

Iron Maiden Estos últimos días he vuelto a escuchar un disco que, como pocos, merece la atención necesaria al nacimiento de una gran banda de rock: estoy hablando del disco homónimo de Iron Maiden, aquel que marcara el debut de esta legendaria agrupación en el año 1980.

Como muchos probablemente saben, este es uno de los dos discos que Paul Di’Anno alcanzó a grabar como vocalista, anterior a la llegada de Bruce Dickinson en Number Of The Beast, por lo que Iron Maiden tiene un sabor bastante distinto a lo más clásico de la banda. Por supuesto, ya se hace notar el estilo característico que Steve Harris y Dave Murray imprimen a su música, pero en esta oportunidad incluso las canciones más “épicas” (como “Phantom Of The Opera”) se ven influídas por la presencia de Di’Anno, lo que da como resultado piezas que suenan más a rock ‘n’ roll que a heavy metal (o, más técnicamente, NWOBHM).

Desde la inicial “Prowler” hasta la última pista (la que obviamente se convertiría en una especie de himno de grupo, “Iron Maiden”) la tónica es similar: guitarras rápidas y distorsionadas, riffs potentes que evocan tanto a Led Zeppelin como a Sex Pistols a la vez, sobre senda base de batería y unas líneas de bajo tan sobresalientes como probablemente nunca antes se habían escuchado en el rock. Dignas excepciones son “Remember Tomorrow”, mezcla de calma y energía y “Strange World”, una especie de balada con inolvidables solos de guitarra.

Este disco es, más allá de toda duda, un clásico; quizás diste de entrar en la categoría de los imprescindibles (en la que encontraríamos, por su parte, a “Number of the Beast”) pero sólo por poco. Si bien es cierto que finalmente fue la voz de Bruce Dickinson la que se hizo inmortal junto a Iron Maiden, este registro con Di’Anno tiene un brillo propio e irrepetible.

The Sounds – Dying To Say This To You

Un disco fácil, atrayente y divertido de escuchar: en la primera pasada de seguro ya estarás tarareando alguna de sus canciones, y quizás ya lo estés poniendo de nuevo al terminar.

Dying to Say This to You The Sounds es una banda sueca relativamente nueva y desconocida, este es su segundo trabajo tras Living in America (del 2003), pero al parecer ya se han convertido en un grupo al cual prestarle atención. Su sonido es simple y directo, incluso básico, y sin embargo, su producto es tan bueno como para escucharlo una y otra vez sin llegar a aburrir.

Este disco se compone de 10 canciones (más una escondida) en las que el grupo desarrolla un sonido pop/rock con una notable influencia punk en las guitarras y ritmos (¿pop con actitud punk o punk con actitud pop?). Night After Night destaca como una canción mucho más lenta y melódica, dominada por el piano y la voz de Maja Ivarsson; mientras que Tony the Beat es un experimento que mezcla influencias disco, una sólida y pujante línea de bajo y una pizca de Blondie. El álbum parece ser el resultado de una mezcla de influencias suficientemente diversa para sorprender pero lo bastante compacta como para presentar un sonido muy característico, que sin lugar a dudas traerá al recuerdo algunas referencias pero que dista de ser una simple reedición de algún clásico.

Como nota final, debo recomendar que escuchen la versión alternativa de Night After Night, la canción escondida al final del disco que en lo personal considero la mejor síntesis de éste, y que sin perjuicio de la calidad de las demás pistas, ha sido la que más se me ha grabado en la memoria.

Gustavo Cerati – Ahí Vamos

El nuevo lanzamiento de Gustavo Cerati… como de costumbre, ya es candidato a convertirse en uno de los mejores lanzamientos del año.

Gustavo Cerati - Ahi Vamos Gustavo Cerati es una institución del rock latino: puede editar prácticamente cualquier cosa y la gente lo va a escuchar, lo que claro, tiene su razón, puesto que muchas de las cosas ha hecho este argentino son realmente muy buenas y merecen al menos una escucha —Ahí Vamos, su más reciente lanzamiento, no es la excepción.

Es cierto, este tipo nos tiene acostumbrados a la buena música: su disco anterior, Siempre Es Hoy es un buen ejemplo, como también lo es gran parte de su trayectoria con Soda Stereo, uno de los pilares de aquel dispar conjunto de estilos llamados “rock latino”. Ahí Vamos debe ubicarse precisamente entre estas referencias, ya que si bien continúa con el sonido logrado en su trabajo anterior, no es una sencilla copia de éste sino que deja traslucir influencias más lejanas: la marcada importancia que tuvieron las bases electrónicas ahora ceden el espacio a múltiples capas de guitarras (entre las acústicas y las eléctricas en las que se unen las distorsiones y el flanger). Un primo lo resumió de manera perfecta: si antes era pop/rock, ahora es rock/pop, y la verdad es que de eso se trata este disco.

Richard Ashcroft: Keys To The World

Un disco que sigue la línea marcada por los trabajos anteriores del ex-vocalista de The Verve: la riqueza de texturas y capas sonoras que dan lugar a diez excelentes canciones.

Keys to the World Esta vez les quiero hablar sobre un disco del que hace tiempo tenía ganas de decir algo: Keys To The World, el tercer y más reciente disco de Richard Ashcroft, el ex-vocalista de The Verve.

A través de las diez canciones del disco, nos es posible encontrar un sonido maduro y rico en texturas, hábil en el manejo de las diferentes intensidades de cada canción y cuidadosamente musicalizado, dando como resultado un conjunto de pistas caracterizadas por una sensación de prolijidad en su producción, sin lugar a descuidos pero manteniendo un nivel de originalidad único, la cual, paradójicamente, no remite a una vanguardia, sino a lo más clásico.

En general el tono del disco es bastante relajado, como ha sido característico en los anteriores discos de Ashcroft, aunque (a diferencia de su anterior trabajo, Human Conditions) las melodías y las letras son mucho más fáciles de retener y recordar, por lo que las canciones tiene un efecto mucho más directo: en ellas se transluce la melancolía, la decepción, la búsqueda y también la alegría.

Un álbum excelente, exquisito, para ser escuchado con toda la atención puesta en sus diferentes capas e ideal también como banda de sonido de un día cualquiera.

Stereophonics: Live from Dakota (2006)

Un recorrido por lo fundamental de Stereophonics, pero enfocado principalmente a su presente y su futuro

Live From Dakota Hoy me encuentro ante el primer disco en vivo de los galeses de Stereophonics, banda que luego de un éxito masivo en la isla británica han apostado a cruzar el Atlántico para expandir sus horizontes. Si bien la partida de su baterista original —Stuart Cable— durante la gira promocional de You Gotta Go There to Come Back (2004) podría haber parecido un grave contratiempo en su desarrollo, la incorporación del argentino Javier Weyler para el lanzamiento de Language. Sex. Violence. Other? (editado el año pasado) no hizo sino demostrar el excelente momento que está viviendo la banda.
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